Queridos hermanos y hermanas:

asenjo_oficial_2010_pm“Cristo, el Señor, cuando iba a celebrar con sus discípulos la cena pascual, en la que instituyó el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, mandó preparar una sala grande, ya dispuesta (Lc 22,12)”. Con estas palabras justifica la Ordenación General del Misal Romano (n. 1) que la Iglesia, a lo largo de su bimilenaria historia, haya ido estableciendo normas para la celebración de la Eucaristía en lo que respecta a la disposición de los lugares, los ritos, los textos y las personas. Igualmente la Iglesia se ha sentido comprometida, desde el primer Jueves Santo, por este mandato del Señor a sus discípulos.

También hoy nos sentimos comprometidos, por ese mismo mandato, al recibir una nueva edición en español del Misal Romano y de los Leccionarios, para celebrar la Cena del Señor en la que se actualiza el Sacrificio de la Cruz. Por eso, los obispos, exhortamos a los sacerdotes y diáconos, a los miembros de la vida consagrada, a los seminaristas y a todos los fieles laicos a que aprovechemos esta ocasión para revisar y mejorar nuestras celebraciones de la Eucaristía.

No se trata sólo que sustituir unos libros por otros, sino de recibir consciente y responsablemente el nuevo Misal para que cumplamos fielmente el mandato del Señor al instituir la Eucaristía (cf. 1 Cor 11,23-26). Ahondar en el conocimiento del Sacramento de nuestra fe, y tratar de celebrarlo cada vez mejor, nos ayudará a cumplir fielmente el mandato del Señor: “¡Haced esto en conmemoración mía!”.

Para ello, hemos pedido a la Delegación de Liturgia que haga todo lo posible para estudiar y difundir las novedades del Misal Romano. Lo hemos hecho ya en la última reunión del Quinquenio y en varias reuniones arciprestales. Las Jornadas Diocesanas de Liturgia de este año se han dedicado íntegramente a este tema. Se enviarán además subsidios de estudio a los sacerdotes, y se publicarán comentarios útiles en nuestra revista diocesana Iglesia de Sevilla. Pero todo ello no suplirá el esfuerzo que todos hemos de hacer por acoger el Misal.

Hay que subrayar la importancia de la Ordenación General del Misal Romano, en la que hay novedades respecto a la edición de 1975. Es un documento que ocupa las primeras páginas del Misal (páginas 31-92) y es de una gran riqueza teológica y pastoral: trata sobre el significado de las diversas partes y elementos de la Misa, los ministerios de las personas que participan en la celebración y la normativa de cómo llevarla a cabo. Encontramos también una catequesis mistagógica básica para introducirnos en una consciente y fructuosa celebración de la Eucaristía.

Invitamos a todos a estudiar con interés este documento para revisar y mejorar nuestras celebraciones. Se irá enviando a los sacerdotes y diáconos por correo electrónico la Ordenación General del Misal Romano ya preparada para su lectura reflexiva y se irán publicando, en Iglesia de Sevilla, los elementos catequéticos que encontramos en el documento para su mayor difusión.

Con ocasión de la publicación y entrada en vigor de la nueva edición del Misal Romano  y de los nuevos Leccionarios, exhortamos a todos a vivir la celebración o la participación en el sacrificio eucarístico con gran piedad y hondura espiritual, para que sea, de verdad, la fuente y cumbre de la vida y la misión de la Iglesia, donde nuestra existencia se vaya convirtiendo en una existencia eucarística, en la que todos y cada uno de nuestros actos van adquiriendo el tono y sabor, el estilo eucarístico de alabanza y acción de gracias, de adoración y contemplación.

La premisa para una mejor participación en la Eucaristía, que sea cada vez más activa, consciente, fructuosa, interior y exterior, es un adecuado ars celebrandi, es decir, un buen conocimiento del Misal Romano para usarlo como quiere la Iglesia. Como nos dice el papa Francisco: “Para que este rico misterio se realice y se manifieste vitalmente, hay que preparar con esmero, decoro y sobriedad la celebración de la Eucaristía, y participar en ella plenamente, con fe y conciencia de lo que se está celebrando” (Cons. Apost. Vultum Dei quaerere, 22). Así, obedeceremos también nosotros al Señor igual que los Apóstoles lo hicieron cuando les mandó preparar la Última Cena; en efecto, “los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua” (Mt 26,19).

La santísima Virgen María, mujer eucarística, en virtud de la comunión de los santos, siempre está presente y persevera con los discípulos de Jesucristo cuando se reúnen para la oración en la sala superior del cenáculo (Cf. Hch 1,13-14). Al cumplimiento del mandato de Cristo en la Última Cena “¡Haced esto en memoria mía!” (Lc 22,19), corresponde el obedecer sin titubeo lo que nos dice la Virgen: “¡Haced lo que él os diga!” (Jn 2,5), para que se manifieste la gloria de su Hijo y crezca la fe de sus discípulos en Él.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

 

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Carta pastoral Nuevo Misal Romano 264.93 KB

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