asenjo_oficial_2010_pmQueridos hermanos y hermanas:

Escribo estas líneas en las vísperas del Día de la Iglesia Diocesana, que en este año celebramos en este domingo, 13 de noviembre, con el lema, “Somos una gran familia CONTIGO”. Se trata de una jornada importante y ya tradicional en el calendario anual de la Iglesia en España. Su finalidad primera es lograr que todos los fieles  percibamos con nitidez que los bienes de la salvación que nos procura la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, nos vienen a través de una realidad más inmediata y cercana, la Iglesia particular o Diócesis, que es una porción de la Iglesia establecida en  un territorio determinado y confiada a un obispo para que la apaciente con la colaboración de los presbíteros, de los diáconos y también de los laicos.

En este domingo todos estamos llamados a reflexionar sobre lo que la Archidiócesis representa en nuestra vida. La Iglesia fundada por el Señor es como la Encarnación continuada, la prolongación de Cristo en el tiempo, el sacramento de Jesucristo, el ámbito natural de nuestro encuentro con Dios. La Iglesia es Cristo mismo que sigue predicando y enseñando, acogiendo a todos, perdonando los pecados, salvando y santificando. Es, como escribiera san Ireneo de Lyon en los finales del siglo II, la escalera de nuestra ascensión hacia Dios. Es el puente que salva la lejanía y la distancia entre el Cristo celestial, único mediador y salvador, y la humanidad peregrina. Siguiendo a san Cipriano de Cartago, es la madre que nos ha engendrado y que nos permite tener a Dios por Padre. Al sentirla como madre, la sentimos también como nuestra propia familia, como el hogar cálido que nos acoge y acompaña, la mesa familiar en la que restauramos las fuerzas desgastadas y el manantial de agua purísima que nos purifica y nos renueva.

Lo que la Iglesia es para toda la humanidad, eso mismo es proporcionalmente la Iglesia diocesana. Por ello, invito a los fieles de nuestra Iglesia particular a vivir nuestra  pertenencia a la Archidiócesis con alegría y con inmensa gratitud al Señor. Si no fuera por ella, estaríamos condenados a vivir nuestra fe a la intemperie, de forma aislada, individual y por libre. Gracias a ella podemos vivir nuestra vida cristiana alentados, acompañados y arropados por una auténtica comunidad de hermanos. Pero hemos de vivir también nuestra pertenencia a la Iglesia con responsabilidad, de manera que lo que la Iglesia es para nosotros, lo sea también a través nuestro, es decir: puente, escalera, hogar fraterno, familia, mesa y manantial y, sobre todo, anuncio ilusionado y entusiasta de Jesucristo a nuestros hermanos con obras y palabras.

Finalidad importante en esta jornada es fortalecer nuestra conciencia de familia y de pertenencia a la Iglesia que peregrina en Sevilla, tan rica en historia y en frutos de santidad. En este domingo, damos gracias a Dios por pertenecer a este pueblo y a esta Iglesia y, sobre todo, rezamos por nuestra Archidiócesis, por sus obispos, sus sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y fieles, para que cada día crezcamos en comunión con el Señor, en fidelidad a las respectivas vocaciones, en unidad y comunión fraterna, en compromiso apostólico y evangelizador y en cercanía y servicio a los pobres y a los que sufren.

Antes de concluir, quiero pedir a los sacerdotes y religiosos con cura de almas que en esta jornada ayuden a los fieles a descubrir la naturaleza de la Iglesia particular, la misión del obispo y el peculiar servicio salvífico y sobrenatural que la Archidiócesis presta a la sociedad. Les ruego además que hagan con interés la colecta, entregando a los fieles los materiales de esta jornada y el boletín de domiciliación bancaria de cuotas a favor de la Archidiócesis, que pueden ser mensuales, trimestrales, semestrales o anuales, que han de enviar a la Administración diocesana, bien directamente o a través de la parroquia.

Tengo que confesar que el número de suscripciones en estos momentos es verdaderamente exiguo y que a los sacerdotes corresponde procurar multiplicar. Gracias a estas cuotas, la Diócesis podrá ayudar más a las parroquias en sus obras de restauración, en la construcción de nuevos templos, en la conservación de las casas y centros parroquiales, garantizando al mismo tiempo el funcionamiento de la Curia y de los servicios diocesanos, sosteniendo los Seminarios y los centros de estudio, y sirviendo a los pobres.

Que los mártires y santos sevillanos  y, sobre todo, la Santísima Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis, venerada entre nosotros con tantos títulos hermosísimos y entrañables, nos ayuden a fortalecer nuestra conciencia de familia, a amar con gratitud filial a nuestra Iglesia diocesana, a crecer en colaboración con ella y a valorar y sentir como algo muy nuestro todo lo que a la Diócesis se refiere.

Agradeciendo de antemano la generosidad de los sacerdotes y de los fieles, para todos mi abrazo fraterno, con mi oración y bendición.

 

 + Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Carta pastoral ‘Somos una gran familia contigo’ (13-11-16) 262.35 KB

 

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