El 15 de noviembre se celebra el Día de la Iglesia Diocesana, una jornada cuya finalidad principal es fortalecer nuestra conciencia de miembros de una iglesia particular, de una diócesis. El Arzobispo de Sevilla lo explica en una breve carta con motivo de esta celebración, en la que nos invita a “fortalecer nuestra conciencia de que, además de pertenecer a la Iglesia universal y al núcleo más pequeño de la vida de la Iglesia, que es la parroquia, formamos parte de la Iglesia particular”.

La Archidiócesis ha dado a conocer algunos datos que hablan de la acción celebrativa, evangelizadora y misionera de la Iglesia en Sevilla. Así, en el ámbito sacramental, el pasado año se celebraron 15.261 bautizos, 15.610 primeras comuniones, 5.436 confirmaciones y 3.312 matrimonios, unas cifras ligeramente superiores a las de 2013.

Más datos: para la atención pastoral de las 262 parroquias, 36 monasterios de clausura y todas las iniciativas eclesiales que se desarrollan en la Archidiócesis hispalense, se cuenta con 401 sacerdotes, 56 diáconos permanentes, 401 sacerdotes religiosos y de sociedades de vida apostólica, 65 presbíteros extradiocesanos y 5.200 catequistas, sin olvidar a los 150 sevillanos en misiones, siete de ellos sacerdotes.

Las cuentas claras

Para el sostenimiento de todas sus actividades, la Archidiócesis ha dispuesto en 2014 de 38.530.496,08 euros, una cantidad que se nutre en un 34 % de las aportaciones de los fieles, en un 16 % del Fondo Común Interdiocesano (cantidad que sale de la asignación tributaria), en un 4 % de ingresos del patrimonio y otras actividades, en un 40 % de ingresos corrientes y en un 6 % de la partida de ingresos extraordinarios. La conservación de edificios y gastos de funcionamiento, las acciones pastorales o asistenciales y la retribución del clero son, por este orden, las partidas más destacadas en el apartado de gastos.

Monseñor Asenjo subraya en la citada carta la importancia de reflexionar “sobre lo que la diócesis significa en nuestra vida”, y expone la conveniencia de conocer “la historia gloriosa y venerable de nuestra Iglesia sus figuras insignes, las instituciones caritativas y culturales que alumbró a lo largo de los siglos y, sobre todo, su impresionante patrimonio de santidad”. Afirma esto pocos días después de celebrarse una misa de acción de gracias en la Catedral por la reciente canonización de santa María de la Purísima, un acontecimiento vivido en Roma por un importante número de sevillanos que se desplazaron hasta la capital italiana.

La Iglesia con el que sufre

El Arzobispo hace también un llamamiento a rezar “por la Iglesia que peregrina en Sevilla” y destaca el compromiso apostólico y evangelizador de obispos, sacerdotes, consagrados y fieles, así como su “empeño por servir a los pobres y a los que sufren”. En esta línea, la acción caritativa y social de la Iglesia en Sevilla resulta casi imposible de concretar en cifras. Cada hermandad, congregación, movimiento, comunidad o parroquia lleva adelante o colabora en iniciativas sociales de diversa índole, que se suman a las acciones concretas que desarrolla Cáritas como principal exponente de esta vertiente eclesial.

Los datos de la campaña ‘Por tantos’ hablan de unas 425.708 personas asistidas y de 385 centros con los que se cubren todas las necesidades de las personas y familias que sufren –los últimos años de forma más evidente- algún tipo de carencia o necesidad.

Clichés, estereotipos y medias verdades

¿Todo esto cómo se sostiene? La respuesta es simple y directa: con la implicación directa de los propios fieles y de aquellas personas sensibilizadas con la tarea que desarrolla la Iglesia. ¿Y cómo se concreta esta ayuda? Mons. Asenjo hace referencia a ello en la mencionada carta, cuando recuerda que “la Iglesia en Sevilla necesita medios económicos para cumplir su misión pastoral y evangelizadora”.

Por más que se lancen afirmaciones erróneas, posiblemente con la intención de recrear una imagen desfasada o, sin más, falsa en torno a la financiación de la Iglesia, ni el Estado sostiene económicamente a la Iglesia ni ésta recibe un trato de favor más allá del que reciben, por ejemplo, las fundaciones, entidades sociales, partidos políticos, sindicatos, etc. En cuanto a la aportación por la vía del IRPF, nunca está de más recordar que la Iglesia sólo recibe un porcentaje de aquellas personas que libremente lo deciden en sus declaraciones de la renta. Como reitera el vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, Fernando Giménez Barriocanal, “si nadie pone la cruz en la casilla de la Iglesia Católica ésta recibe cero euros”. Dicho esto, no es menos cierto que la Iglesia devuelve con creces a la sociedad lo que percibe por medio de esta asignación tributaria.

Aumentan las desgravaciones fiscales para donativos

Pero el porcentaje del IRPF no es la única fuente de ingresos de la Iglesia Católica. Hay que añadir las donaciones económicas a la diócesis, las cuotas o suscripciones, así como el importe de la colecta que se realiza en todos los templos el domingo 15 de noviembre, y para la que el Arzobispo pide generosidad. El 1 de enero, además, entró en vigor una reforma de la ley de mecenazgo por la que se establece un aumento en las desgravaciones fiscales para los donativos.

Con todo, el objetivo principal de esta jornada no es otro que contribuir a robustecer nuestra conciencia de familia. Algo que el Arzobispo concreta en actitudes que se derivan de un claro sentimiento de pertenencia: “amar con sentimientos de gratitud nuestras raíces religiosas y crecer en actitudes de colaboración con nuestra Iglesia”.

Puede consultar la carta del Arzobispo en este enlace.

 

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