Son muy variados los modos con los cuales el Señor imprime sus comunicaciones en el alma. A veces la introduce directamente en la Luz de su conocimiento, sin referencias para con las cosas de acá. Otras veces se apoya en la sencillez e ingenuidad del alma para hacerle comprender y vivir su magnificencia divina.

Esta experiencia que selló el alma sincera y sin doblez de la Madre Trinidad cuando era jóven es de gran provecho para todos.

 

23-6-2001

«El que Dios sea misericordia infinita en donación eterna de amor,
no puede ir en contra de su justicia por exigencia de su coeterna y subsistente Santidad»

 

Dios, rompiendo en misericordia por Cristo al hombre, tiene que ser respondido por éste en justicia, ante la donación del Verbo Infinito Encarnado; […]

El que Dios sea misericordia infinita en donación eterna de amor, no puede ir en contra de su justicia, que exige respuesta de retornación de la criatura al Creador según corresponde al don recibido; puesto que, a mayor donación, más grande respuesta. […]

Comprendiendo hoy y penetrando que algo parecido sucede con los diversos dones y carismas que Dios reparte a los fieles; que si son de Dios, no pueden oponerse unos a otros, sino que se compenetran y ayudan recíprocamente para la consecución de un mismo fin, bajo la acción de un mismo Espíritu, un mismo Señor y un único Dios. […]

¡Qué dolor! ante la confusión, llena de insensatez, de los que piensan, por falta de conocimiento de la excelencia subsistente de Dios, que, por haber sido redimidos por Cristo, ya podemos oponernos a la Santidad infinita, que, por justicia, exige respuesta de la criatura; no ya sólo como Creador, sino ¡también como Redentor que muere, lleno de amor misericordioso, para redimir al hombre con su Sangre santísima…!

¿Cómo es posible que el desvarío de la mente humana, intentando acogerse a la misericordia divina, que por justicia exige la respuesta del hombre redimido, piense que, aunque se rebele contra Dios y desprecie la donación de la Redención, está salvado; y sin haber sido purificado y santificado por la Sangre del Unigénito Hijo de Dios, pueda entrar sin traje de fiesta en las Bodas del Cordero? […]

¡¿Cómo podrá, por justicia, el Dios misericordioso Encarnado, siendo menospreciado, llevar a los que se enfrentan obstinadamente a su Santidad, a participar para siempre en la Eternidad de la felicidad de la vida divina en intimidad de familia con las divinas Personas?! […]

«Cuando aún sólo tenía unos 27 años, fuimos un grupo de chicas consagradas a veranear a un pueblecito de la sierra de Ávila […]; desde donde íbamos algunas veces a pasar el día al Santuario de la Virgen del Espino; para, aprovechar, al mismo tiempo que estábamos en el campo, ocasiones de acompañar a Jesús Sacramentado en el sagrario. Cosa que ha sido una de las tendencias más fuertes de mi vida. […]

Y durante este día de campo tan feliz que estaba pasando, una de las veces que corría presurosa desde los portones del Santuario hacia el altar mayor, donde estaba Jesús Sacramentado, ¡oh lo que me ocurrió…!, […] ¡tan sorprendente, y hasta entonces, para mí, desconocido!:

Cuando sólo me faltaban unos diez metros para llegar al presbiterio –donde solía postrarme de rodillas, llamaba a la puertecita del sagrario…, me gustaba meter el dedo pequeño en el agujerito de la llave como si intentara abrirlo en mis atrevimientos de juegos amorosos en requiebros llenos de ternura indescriptible e indecible con mi Jesús del sagrario, los cuales yo sabía bien que le gustaban–;

de pronto, en un momento lleno de sorpresa indescriptible, ¡¡empecé a experimentar la terribilidad terrible, majestuosa y soberana del infinito poderío de Dios lleno de magnificencia y esplendor en la altura de su inmensidad insondable, inaccesible e intocable, que me dejó parada en seco, de pie, y sin atreverme a mirar a ninguna parte, ni a moverme, ni casi a respirar…!!

Y esto era de un modo tan profundo, sorprendente y majestuoso, que sentía que, si daba un paso más, allí mismo podía quedar muerta por la majestad excelsa, terrible y todopoderosa del Jesús que estaba en el sagrario, y que se me manifestaba en el esplendor deslumbrante y omnipotente de su gloria, como el Dios terrible de majestad soberana; al que criatura alguna no se podía acercar, sin quedar destruida en un instante, si no era invitada por el poderío de la Soberanía infinita. […]

Y, cuando me parecía que mi pobre naturaleza no podía soportar aquella majestuosa pero abrumadora situación, ya que hasta las piernas me temblaban, de pronto, empecé a experimentar de una manera pausada y suave que el Jesús de mi sagrario, dulce, tierna y acariciadoramente, me tendía la mano, invitándome a que me acercara… […]

Y cuando al fin me acerqué al sagrario, pues Jesús así me lo pedía, allí ¡adoraba…, amaba… y me anonadaba…!, mientras sentía la caricia acogedora de Jesús, consolándome y, lleno de ternura, invitándome a acercarme para reclinarme en su pecho. […]

Con la cabeza inclinada delante del sagrario, aprendí aquella enseñanza que Jesús, con ternura de amor infinito, hizo a la pequeña Trinidad de la Santa Madre Iglesia; para que, aunque llena de confianza en su misericordia infinita rebosante de inéditas ternuras y amores eternos, comprendiera, distinguiendo bien, lo que Dios es en sí, por sí y para sí, y hasta dónde se abaja, inclinándose a la pequeñez del hombre. […]

La Casa de Dios y Morada del Altísimo en la tierra ha sido consagrada para el culto, la adoración y la oración. […]

Penetrando y comprendiendo con qué veneración, respeto y adoración tenemos que entrar y mantenernos en el Sancta Sanctórum de los templos consagrados a Dios;
entonando el himno de alabanza de “los Serafines ante el Señor sentado en su trono alto y sublime…: ¡Santo, Santo, Santo, Yahvé Sebaot! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!” ». […]

Y en esta mañana, fiesta del Inmaculado Corazón de María, también durante el Santo Sacrificio del Altar, llena y exultante de gozo en el Espíritu Santo por el amor filial tan grande y desbordante que oprimo en mi espíritu hacia la Santísima Virgen, sentí que la Sapiencia divina, especialmente en el momento de la Consagración, imprimía en lo más profundo de mi espíritu algo muy dulce y saboreable sobre la Santísima Virgen, la Madre del Verbo Infinito Encarnado, el cual es la divina Misericordia que se nos derrama a borbotones desde el Seno del Padre por su costado abierto a través de la Maternidad de María para la salvación en restauración de la humanidad caída. […]

Ya que por María, en María, por la voluntad del Padre, el amor del Espíritu Santo y la Encarnación del Verbo, el Unigénito de Dios se hizo Hombre y habitó entre nosotros, siendo el Primogénito de la descendencia de la Mujer. […]

Es María la Madre de Cristo, el Hijo de Dios Encarnado y su Hijo, la Madre de la Misericordia; por lo cual la proclaman bienaventurada todas las generaciones.
Siendo María la Puerta del Cielo, la Madre del Amor hermoso.

Entonando mi alma, exultante de gozo en el Espíritu Santo, con la Santísima Virgen, su Magníficat de gloria: […]

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“El que Dios sea misericordia infinita en donación eterna de amor, no puede ir en contra de su justicia por exigencia de su coeterna y subsistente Santidad”
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa” Opús. nº 14)
 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí.

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