Fuente: D. Javier Sánchez Martínez, Infocatolica.com

El primer Domingo de Cuaresma se va a utilizar el nuevo misal católico en todas las iglesias, parroquias, monasterios, conventos… de España.

¿Qué es el Misal?

  • El Misal es el libro que contiene los textos y oraciones para celebrar la Santa Misa, el libro del altar.
  • El Misal busca la participación plena, consciente, interior, fructuosa de todos: que vivamos más y mejor la Santa Misa tomando parte de ella y ofreciéndonos con Cristo al Padre.
  • El Misal es de toda la Iglesia y para todos los fieles también; el mejor libro para orar. El Misal nos enseña a orar y cómo ora y celebra la Iglesia. Sirve por tanto para la oración personal y para prepararnos a la Misa.

¿Por qué una nueva edición?

  • La Instrucción de 2001, “Liturgiam authenticam”, de la Congregación para el Culto divino, pide que se revisen todos los Misales y leccionarios en todas las lenguas y se busque una traducción que no interpretase, sino que sea lo más literal posible al original en latín.
  • En este sentido, la nueva traducción castellana del Misal Romano editado el 18 de marzo de 2002 y corregido en 2008 es muy fiel al latín, sin reinterpretar nada, como ya se hizo con los nuevos Leccionarios con respecto al griego y hebreo.

Algunas “novedades” del nuevo Misal

  • Se han añadido nuevas Misas: (por ejemplo, vigilia de Epifanía y Ascensión)
  • Santos que han subido de categoría litúrgica (de memoria libre a obligatoria, de memoria obligatoria a fiesta, etc.)
  • Se ha enriquecido el Misal con nuevos elementos: nuevos textos de la “Oración sobre el pueblo” en Cuaresma, asignándolos para cada día; un prefacio nuevo de Mártires y nuevas oraciones colectas alternativas.
  • Se da la posibilidad de utilizar en la profesión de fe el Símbolo Apostólico en lugar del Credo “largo” (niceno-constantinopolitano), que ya se hacía en la anterior edición española del Misal (pero no en forma de preguntas y respuestas, reservado a la Vigilia pascual y a las Misas en que se celebre el Bautismo).
  • Se han enriquecido los formularios de las misas de la Virgen María.
  • Se han añadido melodías a las plegarias eucarísticas, los saludos, las respuestas y aclamaciones, las oraciones, prefacios, etc.
  • Se habla del silencio como rito en el acto penitencial y después de la invitación a orar, al terminar la lectura o la homilía y después de la comunión. Se alaba que, ya antes de la misma celebración, haya silencio en la iglesia, en la sacristía y en los lugares más próximos (Ordenación General del Misal Romano, 45).
  • Todos se pondrán en pie al decir el sacerdote: “Orad, hermanos, para que este sacrificio…” (OGMR 43) y no después.
  • Se han hecho algunos cambios en las aclamaciones a la consagración, quedando así: 1) Este es el Misterio de la fe (el sacramente de nuestra fe) – Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!. 2) Aclamemos el Misterio de la fe – Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas. 3) Proclamemos el Misterio de la fe – Sálvanos, Salvador del mundo, que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

Consagración del cáliz: “será derramada por vosotros y por muchos”

  • La fórmula de la consagración del cáliz varía buscando, precisamente, la mayor fidelidad al texto original. En lugar de “que será derramada por vosotros y por todos los hombres”, se dirá obligatoriamente: “por vosotros y por muchos”. 
  • “Pro multis”, “por muchos”: ¿Qué entraña, qué significa? “Por muchos” fueron las palabras mismas del Señor al instituir la Eucaristía (Mt 26,28; Mc 14,24); “por muchos” es una traducción más fiel que “por todos”; ésta es una traducción menos exacta porque interpreta el contenido al traducirlo, es una explicación que más bien “pertenece propiamente a la catequesis” (Carta Congregación del Culto divino).
  • También la Carta de la Congregación da una explicación del sentido teológico: La voluntad de Dios en Cristo es la redención de todos los hombres, pero no todos la aceptarán ni la querrán, sino “muchos”. No todos quieren beneficiarse de la redención, sino “muchos”. La salvación no es automática: “¡esforzaos en entrar por la puerta estrecha…!

“La expresión “por muchos”, mientras que se mantiene abierta a la inclusión de cada persona humana, refleja el hecho de que esta salvación no ocurre en una forma mecánica sin la participación o voluntad propia de cada persona; más bien, se invita al creyente a aceptar en la fe el don que se ofrece y a recibir la vida sobrenatural que se da a aquellos que participan en este misterio y a vivir así su vida para que sean contados entre los “por muchos”, a quienes se refiere el texto”.

Retoques y precisiones en la Ordenación General del Misal Romano

Algunas rúbricas son nuevas, en otros casos se precisa mejor cómo realizar tal rito… Son normas de obligado cumplimiento para todos. Destaquemos algunas solamente:

  • En la procesión de entrada, si no hay diácono, el lector puede llevar el Evangeliario, pero no se lleva el Leccionario en procesión (OGMR 120).
  • La absolución del acto penitencial (“Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros…”) no tiene eficacia sacramental (OGMR 51). Los domingos, sobre todo los de Pascua, puede hacerse la aspersión con agua (Ibíd.).
  • El texto del Gloria no puede cambiarse (OGMR 53).
  • La advertencia de que no es lícito sustituir las lecturas bíblicas y el salmo responsorial por otros textos no bíblicos (OGMR 57).
  •  Para el Evangelio, destacando su importancia, “los presentes se vuelven hacia el ambón” (OGMR 133), ¡todos mirando al ambón!
  • Las preces: “Conviene que esta oración se haga normalmente en las misas a las que asiste el pueblo”, “quien responde a la palabra de Dios y ejerce su sacerdocio bautismal” (OGMR 69). El celebrante las dirige desde la sede, recitando la oración final con las manos extendidas. Un solo lector las lee desde el ambón u otro lugar apropiado. Las intenciones “sean sobrias, formuladas con sabia libertad, en pocas palabras” (OGMR 71, 138).
  • Se pide sobriedad en el rito de la presentación de ofrendas, Así: no existe monición a cada ofrenda ni tampoco existen “ofrendas simbólicas”, sino todo el pan y vino necesarios para la Santa Misa y otras donaciones reales para los pobres o para la iglesia (OGMR 140).
  • Respecto a las posturas de los fieles durante la misa, se subraya el criterio de uniformidad de la asamblea (OGMR 42).
  • Se explica el modo y el momento de genuflexiones e inclinaciones. Genuflexión: doblando la rodilla derecha hasta el suelo, es un signo de adoración, se reserva al Santísimo Sacramento, y a la Santa Cruz desde la Muerte del Señor hasta la Vigilia pascual. Hay dos tipos de inclinación. Inclinación de cabeza: cuando se nombran las tres Personas Divinas a la vez, los nombres de Jesús, de María y del santo del día. Inclinación de cuerpo: al altar, en el Credo, a las palabras “Y por obra del Espíritu Santo”, antes de comulgar, y además, el sacerdote mientras dice algunas oraciones.
  • Como propio del rito romano, todos los fieles, diáconos y acólitos estarán de rodillas en la consagración, desde el momento en que se destapa el cáliz y el sacerdote impone las manos sobre el pan y el vino. ¿Excepciones? Estrechez del lugar, aglomeración o cuestión de salud; pero incluso los que por estas razones se queden de pie, harán inclinación profunda cuando el sacerdote después de mostrar el Cuerpo y la Sangre del Señor hace la respectiva genuflexión.
  • El rito de la paz ha recibido una nueva clarificación y límites, recuperando la sobriedad y brevedad que siempre ha tenido: “Conviene que cada uno exprese sobriamente la paz sólo a quienes tiene más cerca” (OGMR 82). El sacerdote no abandona el presbiterio durante el rito de paz. Tampoco hay nunca ningún “canto de paz”.
  • El sacerdote “pronuncia él solo la doxología final: Por Cristo, con él y en él…”, (OGMR 151) y todos responden aclamando: “Amén”; se recomienda en canto.
  • Es importante, al comulgar, el diálogo de fe entre el ministro y el fiel: “El Cuerpo de Cristo – Amén” (OGMR 161) comulgando inmediatamente, con respeto, delante del ministro. Además, antes de comulgar, hay que hacer “la debida reverencia” (OGMR 160), es decir, inclinación profunda ante el Santísimo (o genuflexión) antes de comulgar, a no ser que se comulgue de rodillas.

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