Los pequeños no son los irresponsables o los inconscientes. Al revés, son los más auténticos y veraces de este mundo, pues saben adónde pueden llegar, adónde no pueden llegar y cómo obtener la meta. Y se les revela el misterio del Reino de los Cielos.

Y ese misterio, que es para todos, es la Misericordia. Esa desconocida.

 

 

          El más pequeño entre los hombres, es tal vez el más grande ante los ojos de Dios, ya que Éste conoce lo recóndito del corazón y se complace en los sencillos, comunicándoles sus secretos. (14-12-76)

  

          A los pequeños se les revela el secreto del Amor para que lo comuniquen. (26-3-59)

  

          «Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quiera revelárselo». Y el Hijo quiere comunicárselo a los pequeños, cumpliendo el deseo del Padre que le ha enviado: «Gracias te doy, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes, y se las revelaste a los pequeñuelos». (6-11-63)

  

          El Padre nos sienta en sus rodillas, nos dice su Palabra y nos besa con el Amor del Espíritu Santo. (6-11-63)

  

          ¿Cómo entrarás en los secretos del Reino de Dios si no eres pequeño? ¿No sabes que a los soberbios les resiste el Señor? En la medida que seas pequeño, sabrás el secreto del Padre, que se encuentra en el seno de la Iglesia. (12-11-63)

  

          En el humilde, el Señor descansa, y le comunica sus misterios, aun los más ocultos. (9-1-67)

  

          Quiero, más que nada, ser pequeña y sencilla, porque en ello encontré la manera de agradarte, el modo de decirte que sí y el de consolarte. (10-12-64)

  

          Quiero ser pequeña y sencilla ante la mirada del Padre, para cantarle la canción, abrasada en el fuego amoroso, que sólo cantan los pequeños y limpios de corazón. (9-8-59)

  

          Mi gran riqueza es no tener ninguna riqueza humana; mi gran riqueza es no ser, no poder, no saber, no servir; es ser pequeña, pobre, desvalida, no teniendo ciencia, ni sabiduría humana, que estorbe al don infinito de Dios depositando en mi pobreza su riqueza, en mi pequeñez su grandeza, en mi nada su todo, en mi muerte su vida, en mi ignorancia su sabiduría y ciencia. (19-4-64)

  

          ¡Cómo me atrae una persona sincera y sencilla, sin doblez, que se manifiesta como es, y que es como se manifiesta! Para mí, es éste uno de los valores más grandes del hombre. (13-1-73)

  

          ¡Qué bueno es ser sencillo, y qué sencillo es ser bueno, cuando se es sencillo! (24-1-69)

  

          ¡Cuánto me cuesta hacer sufrir a los que amo! ¡Cuánto cuesta decir que no a lo que los demás ven que sí! ¡Qué duro es ser verdadera! Pero por amor a los que me diste, ¡no callaré, Señor! (28-1-77)

  

          La hipocresía me repele terriblemente; busco corazones sencillos para hacer de ellos moradas donde Dios descanse contento. (13-1-73)

  

          Jesús, la tortura más grande de mi alma fue siempre ver que los tuyos no entraban dentro de ti, que también ellos se quedaban fuera por falta de constancia en la oración, de entrega en sus vidas, de olvido de sí y de una verdadera humildad. (12-5-64)

  

          Mi alma no tiene consuelo y grita hasta morir, por la gran tragedia en que se encuentra la Iglesia mía, pues, a pesar de la abundancia de cultos, el espíritu de muchos de los que siguen a Dios está reseco; pues el Señor busca corazones sencillos en quienes descansar, para decirles su Palabra. (29-4-66)

  

          Un corazón puro necesito, un alma sencilla que se entregue, un alma abnegada que se olvide, para descansar en ella y darle mi eterna sabiduría. (12-9-63)

  

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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