La humildad es luz clara que nos ilumina el misterio de Dios y esclarece nuestra existencia. Nos pone en la verdad.

Cuando somos misericordiosos derramamos luz abundante a nuestro alrededor. La Misericordia es el faro brillante que guía las almas al puerto seguro de la Verdad. Las obras de Misericordia son la luz que necesita el mundo… y cada uno de nosotros.

 

 

          Dios es la Luz que vino para dar testimonio de la Verdad; la humildad es la verdad, y la verdad es luz. (21-1-65)

  

          La sabiduría del hombre radica en la humildad. ¿De qué le sirve saber todas las cosas si, ensoberbeciéndose, su espíritu se empobrece? (10-9-63)

  

          Humildad, dame tú el saber de lo divino, pues sólo en ti se encuentra, ya que Dios, en las almas que te poseen, descansa y les dice su eterno secreto. (12-9-63)

  

          Amo la humildad más que todas las riquezas, más que todas las gracias, porque sé que sólo el humilde roba el corazón de Dios. (9-1-67)

  

          La humildad es el fruto más codiciado de la caridad, que es la reina de todas las virtudes. (9-1-67)

  

          El que está en la caridad, es humilde. Por eso, mira cómo andas en tu amor a Dios y al prójimo, y verás cómo andas en la humildad; pero caridad verdadera que se siente en la verdad de su nada sin desalentarse. (9-1-67)

  

          Sin humildad, por más cosas que hagamos, no agradaremos a Dios. El que busca aparecer, ser estimado, quedar bien, ya recibió su recompensa. Y el que lo busca de forma que hace quedar mal a los demás, ya fue juzgado por su propia acción, porque obró contra la caridad. (21-1-65)

  

          ¡Qué pocas almas humildes hay!, y cuántas que creen que lo son, sin saber siquiera de sus elementales exigencias. (9-1-67)

  

          ¡Humildad!, ¡humildad! ¿Por qué eres tan deseada y tan poco poseída? (15-11-59)

  

          ¡Alma mía, no te mires…! Mira al Dios escondido en tu interior que te dice: Hijo, dame tu corazón. Como sabe Él que es lo más costoso para ti, por eso te lo pide. (24-5-62)

  

          ¿Por qué lo que tú piensas, ves o dices, te parece lo mejor? Señal de que te tienes en mucho. (24-5-62)

  

          ¿Por qué te inquietas o turbas cuando te tienen en menos? ¿No sabes que te mereces el infierno? (24-5-62)

  

          ¿Yo quién soy, para que piense que todo se me debe, para que sufra cuando no me consideran? (24-5-62)

  

          ¿Tienes tiempo en pensar que no te conocen? ¡Es una lástima!, pues todos los instantes debes ocuparlos en buscar la manera de dar a conocer a Dios. (30-12-59)

  

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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