El instinto de descargar responsabilidades es más fuerte que nosotros mismos. ¡Somos capaces de echarle al Señor la culpa de nuestros fallos y decirle que nos abandona!

La humildad, cumbre de la madurez humana y espiritual, encuentra su adversario más feroz dentro de cada uno mismo. Normalmente no ponemos misericordia ni siquiera dentro de nosotros mismos. No nos perdonamos nuestros errores… porque no los identificamos, creyendo que no los tenemos. Y por eso estamos mal.

 

 

          El alma que empieza a encontrarse sola y a creerse incomprendida, fácilmente está envuelta en la soberbia. (30-12-59)

  

          Aunque es señal de santos, no todos los que se creen despreciados, lo son. El santo busca y saborea esa soledad que, cuando llega al olvido de sí, ni la apercibe. (30-12-59)

  

          Un alma despechada, siempre se cree incomprendida; y del alma que se lamenta de ser incomprendida, ¡líbreme Dios! (30-12-59)

  

          ¿Te crees solo e incomprendido cuando te reprenden? Empieza a ser humilde y verás que todo te viene ancho. (30-12-59)

  

          Dices que sólo vives para la gloria de Dios y sufres porque te crees incomprendido… Recapacita, no sea que vivas para tu gloria. (30-12-59)

  

          ¿Te preocupas mucho de que no te entienden? ¿Por qué no ocupas ese tiempo en comprender a Jesús y hacerlo comprender, dándole a conocer y amar? (30-12-59)

  

          ¿Por qué encuentras disculpa para ti siempre que te reprenden? ¿Por qué no lo haces igual con los demás…? Ese espíritu que buscas en todas tus acciones, es amor propio y adulación de tu yo. (17-11-63)

  

          Hijo, no te disculpes sin necesidad, si quieres gozar de una alegría honda, que da Dios a los que se humillan por Él. (17-11-63)

  

          La soledad es producida por la incomprensión y la incomprensión es un regalo que Dios da al hombre para que le busque sólo a Él. (14-8-74)

  
 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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