Para la catequesis que anuncia la Misericordia nos va a ayudar a caminar durante este Año magnifico el trabajo que ha realizado la Madre Trinidad en el libro “Frutos de oración“, por ella tan elaborado, vivido y apreciado.

Bajo el amplio título VIVIR EN LA VERDAD, propone algunos apartados que nos llevarán de la mano a lo largo de nuestro itinerario, para no perdernos este gran descubrimiento, que más que conocimiento mental es experiencia vital.

“Sencillez evangélica”

La confianza absoluta y sincera en Dios nuestro Padre como estilo permanente de vida.

Únicamente los sencillos del Evangelio son capaces de confiar en el corazón de Dios, pues con agudeza acumulada a lo largo de la vida, saben que sólo Él es fiel y “está a la altura de las circunstancias”. Cualesquiera que sean. Sin confianza no puede haber misericordia.

 

 

          Dios es Amor, y para entrar en Él hace falta un gran amor de confianza en nuestro Padre, que está, abrasado en el Espíritu Santo, esperando la venida de todos sus hijos. (27-3-59)

  

          ¿Por qué no encuentran los hombres llenura en sus esperanzas? Porque no esperan a Dios, única llenura del hombre. (17-4-70)

  

          Los hombres que no han descubierto el corazón de Dios, o abusan de Él revolviéndose con desprecio e indiferencia o se asustan por las imperfecciones de sus propias miserias al acercarse al Infinito. ¡Qué importante es conocer a Dios para responderle como Él se merece y estar en el centro de su voluntad! (18-8-73)

  

          ¡Oh si los hombres supieran el corazón inmenso de Dios, que ama, se da por entero y, que en respuesta, sólo pide nuestra donación, según el modo personal, y tal vez imperfecto, de nuestra entrega! (18-8-73)

  

          ¿Cómo puede Dios, a un hijo que es cojo, pedirle que no cojee? ¿Cómo puede pedir a un paralítico que ande, o a un ciego que vea? ¿Cómo puede Dios pedir lo imposible? Por eso, Él, que conoce nuestras debilidades, sólo nos pide una total entrega contando con las deficiencias de nuestra propia naturaleza. (18-8-73)

  

          Cuando el desaliento quiera apoderarse de ti, piensa que es toda la sabiduría del sapientísimo Ser infinito quien, conociéndote te amó y escogió con predilección eterna. Ante tanto amor de Dios, ¿quién desconfiará? (1-3-61)

  

          Creo que no hay falta que tanto hiera el corazón de nuestro Padre como la desconfianza, ya que ésta va directamente contra el amor misericordioso de la Misericordia Encarnada. (21-3-61)

  

          ¿Por qué me turbo cuando soy defraudada por las criaturas? Porque puse en ellas mi confianza, sin pensar en esto que dice la Escritura: «Maldito el que pone su confianza en un hombre que no puede salvar». (12-12-61)

  

          La infancia evangélica está en confiarlo todo en el Padre, sabiendo que su amor hará en nosotros todo eso que, a nuestra pequeñez, le es imposible conseguir. (12-11-63)

  

          Sé pequeño, viendo en todo lo que te sucede la mano amorosa de Dios que, con corazón de Padre, te quiere meter en su seno. (6-1-64)

  

          ¡Qué bien nos vienen a veces unos cachetes de nuestro Padre Dios! Más que castigos, son besos cariñosos que nosotros no queremos ver. (19-9-66)

  

          ¿Por qué te preocupas tanto de ti como si no tuvieras Padre? ¡Falta de fe en el amor que Dios te tiene! (19-9-66)

  

          Eso que sientes, y lo otro, por muy malo que sea, si tú no lo quieres, no desagrada a Dios. Confía…, confía; Él es amor. (21-4-67)

  

          Muchas veces, Dios permite diversas dificultades para que nosotros prudentemente procuremos resolverlas y, poniéndolas en sus manos con confianza y amor, le pidamos todo con humildad. (3-11-76)

  

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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