Otro paso más adelante para descubrir la Misericordia: cuando reconocemos y experimentamos el abismo de nuestra miseria atraemos irresistiblemente la Misericordia infinita de Dios.

Desde el abismo de nuestra miseria, difícil de comprender y más aún de aceptar, para eso hay que ser pequeños y sencillos, se ve en su dimensión impresionante la Misericordia de Dios. Es cuestión de alcanzar un punto de observación privilegiado para descubrir la Infinita Misericordia. Él se humilló tan profundamente que da vértigo mirarle para que nosotros desde nuestra posición le pudiéramos ver…

 

 

          ¡Qué descanso! La misericordia se manifiesta en la miseria. A mayor miseria más grande misericordia. ¡Qué gozo que Dios sea tan amor, que nos ame, no porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es infinitamente bueno! (25-1-75)

  

          Un abismo atrae a otro abismo; por eso mi pequeño ser te robó. (11-5-61)

  

          Señor, ¿por qué me amas tanto…? –Eres tan pequeña, pobre y nada que robas mi corazón de Padre. (27-3-62)

  

          Señor, ¿qué te enamoró de mí? –Tu pobreza, tu nada, tu pequeñez. (27-3-62)

  

          Dios mío, nuestra miseria te robó de tal forma, que «el Verbo se hizo carne» y, a través de María, nos dio a participar su vida divina durante todos los tiempos en la Iglesia. (28-6-61)

  

          La gran misericordia de Dios para con el hombre es Cristo, pues en Él el hombre es Dios y Dios es hombre. Y, en la medida que el alma, reconociendo su miseria, se arroje en los brazos del Padre, sabrá de la infinita misericordia. (20-1-60)

  

          Todos los atributos en Dios, Él se lo es en sí, por sí y para sí; pero hay un atributo en la perfección del Ser increado, que a pesar de sérselo en si y por sí, no lo es para sí, y es el atributo de la misericordia; ya que ésta es el derramamiento del poder infinito de Dios en manifestación amorosa sobre la miseria. (6-4-67)

  

          Dios no puede ser para sí misericordia, porque la misericordia implica derramamiento de amor sobre la miseria; por lo que la misericordia surgió en el seno del Eterno Serse, el día que la criatura creada para poseer a Dios, le dijo al Ser Subsistente: «No te serviré»; y ya Dios se es misericordia, porque el Amor Infinito se dio al hombre en la esplendidez magnífica de su desbordamiento. (6-4-67)

  

          Dios mío, cada día te conozco más y, al conocerte y amarte más profundamente, aumenta el conocimiento propio de mi miseria; entonces el eterno envidioso de las almas intenta desalentarme ante la bajeza de mi nada y la alteza de tu Todo; e, impelida por el amor, me lanzo en la corriente divina de tu amor misericordioso, y allí me gozo en que Tú, mi Dios, te eres, por serte, el «SOLO SANTO». (18-4-61)

  

          Cuando me abismo en la bajeza de mi miseria y ésta intenta aplastarme, doy un salto de alegría, gozándome tan sólo en que el Ser, en su vida divina de comunicación trinitaria, se es la santidad inmutable y perfección suma. (18-4-61)

  

          Por muy malo que seas, serás finitamente malo, y el infinitamente Bueno es tu Padre, y te regala, en prueba de su bondad, su amor eterno. ¡Confía en el buen amor del Bueno! O ¿es que te crees mayor en tu maldad que Dios en su bondad? (21-9-59)

  

          Por mucha que sea mi miseria, siempre será finita y, arrojada en el abismo del Infinito, queda reducida a una alabanza del Amor misericordioso. (18-12-60)

  

          Si no fuera por la confianza que tengo en tu amor misericordioso moriría aplastada por el peso de mi miseria. (18-4-61)

  

          ¡Mi eterna e infinita Misericordia! ¿por qué me amas tanto? Mi miseria cautivó tu ser reventando en misericordia. (23-4-61)

  

          Señor, cuando te conocí, me enamoraste, porque la hermosura de tu rostro me robó. Y Tú, que siempre me conociste, ¿cómo fue que, conociéndome, me amaste? ¡Mi miseria robó tu misericordioso corazón! (18-12-60)

  

          Mi abismo en tu Abismo, mi miseria en tu Misericordia, mi nada en tu Todo, son una alabanza de tu glorioso amor bueno. (18-12-60)

  

          Amor, cuando te beso, me besas; cuando te amo, me amas; cuando te siento, todo Tú me eres experiencia sabrosa en comunicación amorosa… ¿Por qué eres así con mi pequeño ser? Porque derramándote amorosamente sobre la miseria, te manifiestas en amor misericordioso. Amor, ¡qué bueno eres! ¡Gracias, Señor, gracias! (26-6-61)

  

          Dios se compadece de los atribulados, tanto, que quiso vivir toda nuestra vida en amor y dolor, y así nos comprendió totalmente. (14-4-67)

  

          Dios se inclina al que sufre por su amor, y le besa con cariño de Padre, dándole paciencia para saber esperar los bienes futuros. (14-4-67)

  

          El esplendor de tu misericordia deslumbra y aplasta y, ante tu amor infinito, el abismo profundo y recóndito de mi miseria, arrojándose en tu seno de Padre, espera que hagas en mi alma tu obra de amor y, a través mía, lo que para la Iglesia me has encomendado. (21-3-61)

  

          A pesar de nuestra miseria, el Señor hará su obra en nosotros y realizará su voluntad amorosa sobre nuestras almas. Él es poderoso para hacer infinitamente más de lo que pudiéramos ni llegar a desear. (1-2-64)

  

          ¡Señor, cierra el egoísmo con el poder de tu misericordia, y sé Tú la posesión de todos los hombres que te quieran poseer, abriendo ansias de ti con el resplandor de tu rostro, en las mentes oscurecidas! (8-1-75)

  

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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