Se trata de un tema breve, pero que revela aspectos muy profundos en la experiencia espiritual de la Madre Trinidad. Ella misma sintetiza el contenido en las tres últimas líneas del tema: “Gracias, Señor, por haberme hecho semejante a Ti, para vivir por participación en la saciedad perfecta de tu infinita Capacidad”.

Entrando en la vida de Dios conocemos el puesto que ocupa la creación y la complacencia que Dios tiene en ella. Complacencia que en lenguaje teológico, llamamos accidental. Al entrar el alma en la participación de la vida de Dios nos dará la medida que tendrá en ella la posesión de las criaturas.

Dios tiene un gozo esencial en la posesión de su perfección infinita y accidental en relación con las criaturas. El alma proporcionalmente, tendrá la doble experiencia. Una cosa es en ella gozarse en y con el gozo de Dios en la posesión participativa del mismo Dios y otra la posesión de las criaturas como gozo complementario o accidental.

En este tema la Madre Trinidad refleja claramente la exigencia de la posesión de Dios y la imposibilidad de llenarse con las criaturas, aunque sea la creación entera.

 

  

 

«Me oprime el circulo de la creación»

 

Estoy creada para la Eternidad, para la inmensidad inmensa del Ser, para la vida perfecta del Eterno Seyente, para la posesión sin tiempo, sin límites y sin fronteras de la inagotable Perfección.

Dios me hizo para Él, para sus modos y estilos, para sus maneras y formas; para entrar con su entendimiento en la luz pletórica de su luz, en la contención de sus inmensos soles, en la abarcación infinitamente abarcadora de su Familia Divina.

Fui creada para saber a qué sabe Dios en sabiduría de entendimiento sabroso, y en penetración intuitiva de su gozo simultáneo y eterno; para cantar con la Canción que, en infinitud de maneras de ser, el Verbo se es, y entrar en el concierto de sus infinitas perfecciones; para amar con el amor sustancialmente perfecto del Espíritu Santo.

«“Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman”. Pues Dios nos lo ha revelado por su Espíritu, que el Espíritu todo lo sondea, hasta profundidades de Dios. […]».

[…]

No he sido destinada a arrastrarme por la tierra, sino a vivir en la elevación coeterna de mi Familia Divina. Y yo tengo ansias como eternas de levantar mi vuelo y encajarme en el centro de mi razón de ser.

Por lo que la tierra, y aún más, la inmensidad aplastante del Universo, me resulta estrecha, ¡apretada!; haciéndome apercibir la sensación de que me oprime en su círculo, de que me encierra en la cárcel de su limitación…; ¡de que no me deja salir de la finitud de sus murallas! para volar a la libertad libre, a la posesión sin límites, donde no existen fronteras, donde nunca hubo un principio y no existirá el fin, […]

¡Gracias, Señor, de que vivas en Ti mismo sin mansión, sin límites y sin fronteras…! […]

¡Gracias, Señor, por esta experiencia como de claustrofobia que siento en la tierra por el encerramiento que experimento ante la opresión de todas las cosas, que aprisionan mi alma creada para la Eterna Perfección…!

Todo en la tierra se me queda pequeño; todo aumenta mis congojas, oprime mi liberación y corta el vuelo de mi ascendente carrera. […]

¡Si los hombres supieran lo que son para mi mirada espiritual todas las criaturitas en su diversidad de especies, en su plenitud de belleza, reflejos todas de la Infinita Perfección…!

[…] Pues, cuando el hombre penetra hondamente la creación, descubre en ella la mano del Ser viviente, que, derramándose en sabiduría, la hizo expresión cantora de sus maravillosas perfecciones, siendo todas ellas manifestación de su concierto eterno. […]

Dios tiene posibilidad de crear inmensos mundos en diversidad de maneras, modos y estilos. Porque Él es grande, no por lo que nosotros vemos que ha hecho, sino por la posibilidad que tiene, no sólo de ser, sino de hacer criaturas y cosas. […]

Por la voluntad del Padre, en la expresión del Verbo, y por el Amor personal de los Dos, que es el Espíritu Santo, Dios realizó, en un derramamiento de su esplendor, la magnificencia magnífica y esplendorosa de la creación. Y por eso, a todas las criaturas «vestidas las dejó de su hermosura», conteniendo en sí cada una de ellas la riqueza pletórica de la canción del Verbo; y apareciendo, ante la mirada espiritual del que posee a Dios, tan rica la realidad sencilla de la hojita de un árbol, como la inmensidad aplastante de toda la contención del Universo. Porque Dios está en esencia, presencia y potencia dando su hálito de vida a cuanto es, y manteniendo en su existencia a cuanto existe.

Pero el alma del hombre, creada con capacidad de poseer al Infinito, ansía remontar su vuelo a la posesión del Eterno Seyente, que se es de por sí; estorbándole todo cuanto intente aprisionar su libertad o cortar su vuelo en ascensión delirante hacia la Eternidad. […]

¡Qué hermosa es la creación inanimada, hecha por Dios para la manifestación de sus perfecciones…! Pero ¡qué inmensamente más grande y más trascendente es el alma del hombre, que tiene impresa en sí la necesidad subyugante de vivir del Increado; y que fue creada para palpitar, en su vivencia real, al unísono con el corazón de Dios, entrando en la comunicación de su vida y viviendo, en la medida de su capacidad creada y finita, del mismo Infinito…! […]

Por eso, Señor, el día que te encuentre en la luz luminosa de tus eternas pupilas, lo tendré todo en Ti, para siempre, ¡para siempre…!, en la posesión perfecta de tu ser y en la llenura completa de cuanto apetezco.

Gracias, Señor, por haberme hecho semejante a Ti, para vivir por participación en la saciedad perfecta de tu infinita capacidad.

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
“ME OPRIME EL CÍRCULO DE LA CREACIÓN” 
(Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opús. nº 8)

Nota.- Para descargar el tema  pulsar aquí.

 

 

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