Hoy lunes, 16 de octubre, se cumple un año de la ceremonia que presidió el papa Francisco en la Plaza de San Pedro y en el curso de la cual canonizó a siete nuevos santos, entre ellos un sevillano nacido en la calle Vidrio, en plena Judería de la capital hispalense: don Manuel González.

En su homilía, Francisco destacó que “estos siete testigos han combatido con la oración la buena batalla de la fe y del amor. Por eso han permanecido firmes en la fe con el corazón generoso y fiel”.

Al tiempo que el Papa pronunciaba la fórmula de canonización, repicaron las campanas de Sevilla, las de Palomares del Río -su primera parroquia-, las de la parroquia de San Pedro de Huelva -que fue la segunda-, y las de las diócesis de Málaga y Palencia, donde el ‘obispo de los Sagrarios abandonados’ ejerció su ministerio episcopal. Hasta el Vaticano se desplazó una nutrida representación de la Iglesia en Sevilla, con su Arzobispo, monseñor Juan José Asenjo, a la cabeza.

Biografía de un santo

Nació en Sevilla, cuarto de cinco hermanos, el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa, Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente y con ilusiones, que no siempre pudo ver realizadas. Sin embargo, hubo una que sí alcanzó, y que dejaría huella en su corazón: formar parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del «Corpus Christi» y de la Inmaculada. Ya entonces su amor a la Eucaristía y a María santísima se consolidaron (Leer más)

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