Extracto del libro

“LA MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA
Y SU OBRA DE LA IGLESIA”

 

Para la Madre Trinidad,

«Dios es la Familia Divina, el Hogar de plenitud y felicidad infinita que tiene en sí su dicha y perfección en abarcamiento coeterno de comunicación trinitaria». (Del libro “Frutos de oración”)

Y «la Iglesia es el gran hogar de los hijos de Dios, donde todos nos sentamos a la mesa del Padre para saciarnos en abundancia de la vida divina». (Del libro “Frutos de oración”)

A imagen de la Iglesia, que es familia porque entraña en su seno a la Familia Eterna comunicándose a los hombres, ha querido plasmar su Obra de la Iglesia.

Todos en ella participan de una misma vida, con un mismo espíritu y una misma misión apostólica, que cada uno vive a su manera según su vocación dentro de la misma Obra.

Este sello de familia que lleva impreso en sí La Obra de la Iglesia, se concreta y se hace patente con más fuerza en la vida de las tres Ramas de «Responsables».

Los sacerdotes y hombres seglares viven juntos en «Hogares», completamente independientes de los de la Rama femenina.

La vida familiar que llevan los miembros Responsables en los «Hogares» de La Obra de la Iglesia da a éstos un aspecto original, nuevo y atrayente, al mismo tiempo que hace felices a sus moradores. […]

En la Rama femenina, los miembros alternan con gozo y sencillez los trabajos de la casa, y la labor apostólica con toda clase de personas y categorías sociales; los trabajos sencillos y monótonos, con los de más grave responsabilidad en las parroquias u otros puestos.

Dentro de la Rama seglar masculina, la diversificación de responsabilidades jamás será barrera que pueda dificultar la convivencia de sencilla igualdad y familiaridad entre el ingeniero y el estudiante, el profesor y el simple trabajador manual.

Los sacerdotes encontrarán, en la convivencia con los hombres seglares, una llamada constante a saber escuchar y aprender de quienes están tan en contacto con el mundo, y una invitación a llevar adelante las propias responsabilidades, dejando que todos desarrollen al máximo sus talentos y su deseo de servir a la Iglesia. A la par, a la luz de la doctrina de la Madre Trinidad, podrán descubrir la hondura sin límites del misterio del sacerdocio y el campo inmenso de su actuación apostólica. […]

Así, diseminados por pueblos y ciudades en pequeños grupos de personas, ocupando un piso cualquiera en cualquier bloque de tal o cual barrio, viven alegres los miembros Responsables de La Obra de la Iglesia. Y de la paz, del silencio, de la alegría e intimidad familiar de sus «Hogares» salen cada mañana hombres o mujeres a sus puestos de trabajo para llenar su papel de seglares en el mundo, e irradiar entre sus compañeros de oficina o de Universidad la llenura que viven en su corazón.

Es tan fuerte este sentido de vida de familia entre los Responsables que condiciona y configura hasta la organización económica de La Obra de la Iglesia, la cual gira en torno a que todos los miembros tengan cubiertas por igual sus necesidades, vivan la pobreza de modo uniforme y no haya diferencias en este punto entre unas casas y otras. […]

También los Adheridos y Militantes, en su vivir con relación a la Obra, participan de esa realidad de «familia» que la configura.

En ella se integran con sus características particulares, aportando su peculiar riqueza y colaboración; y con las tres Ramas de Responsables forman un todo armónico y articulado.

Los Militantes, dentro de su Grupo, expresan llamativamente la hermandad evangélica entre distinguidos y gente sencilla, ricos y pobres, letrados y menos instruidos. Igualdad que se basa en el fundamento superior a toda diferencia: la dignidad de ser todos hijos de Dios y miembros unos de otros dentro del Cuerpo Místico de Cristo. […]

Y se organizan entre ellos para ayudarse también en sus necesidades espirituales y materiales.

Todo aquel que se acerca a La Obra de la Iglesia se siente atraído por su sencillez y abertura, por su ambiente acogedor y por ese «no sé qué» indefinido, que se difunde como «el buen olor de Cristo».

Hay también un grupo de Colaboradores Simpatizantes de toda nación y lugar a donde La Obra de la Iglesia vaya llegando, para derramar sobre los hombres el afluente de vida divina que Dios ha puesto en el arsenal riquísimo de la variedad de escritos y charlas de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia.

Los Colaboradores Simpatizantes no pertenecen intrínsecamente a La Obra de la Iglesia, pero sí procuran vivir de su riqueza eclesial, para su enriquecimiento y procurar comunicarlo siendo testimonios por la vida y la palabra de lo que es ser Iglesia, dentro de la peculiar vocación de cada uno; Colaborando con La Obra en la misión que el Señor le ha encomendado en toda la amplitud de la palabra, a través de su manifestación en sabiduría amorosa del misterio de Dios, de Cristo y de María, remansados en el seno de la Santa Madre Iglesia, para presentarla tal cual es, repleta y saturada de Divinidad, de forma que, al mirarla, los hombres vean el Rostro de Dios en ella.

Y para esto se nutren de los escritos y charlas de la Madre Trinidad, con el fin de colaborar por su vida y su palabra a la presentación del verdadero Rostro de la Iglesia; ayudando, unidos con los miembros de La Obra, al Papa y los Obispos a la realización de la misión esencial que Cristo les encomendó.

La Obra de la Iglesia a su vez, como los miembros que a ella pertenecen de una u otra manera, les irá dando dentro de sus posibilidades a participar de la riqueza espiritual que posee, ayudándoles con cuanto, para ello, Dios le ha donado y encomendado; haciéndose lo más cercana posible a todos y especialmente a los más alejados de sus Centros.

Colaboradores Simpatizantes pueden ser toda clase de personas: Sres.Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, miembros de Institutos Seculares, Movimientos apostólicos, Asociaciones piadosas, etc., como también matrimonios, hombres, mujeres y jóvenes seglares; que dentro del Pueblo de Dios, siempre cobijados bajo la Sede de Pedro, quieran vivir su cristianismo y manifestarlo en la sabiduría amorosa con que La Obra de la Iglesia lo realiza, para el cumplimiento de la voluntad de Dios en cualquier lugar o estado en que se encuentren. Procurando dentro del carisma de la vocación de cada uno, ayudar eficazmente a La Obra de la Iglesia en la realización de la misión eclesial que, por designio infinito de Dios, le ha sido otorgada.

Y así cada cual dentro de La Obra de la Iglesia se siente feliz en su puesto, porque sabe que

«la perfección del cristiano no está en ocupar un puesto u otro en la sociedad, sino en vivir contento allí donde le ponga la voluntad divina». (Del libro “Frutos de oración”)

 

 
“Reflejos del infinito Hogar”. Fragmento del libro:
“LA MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA Y SU OBRA DE LA IGLESIA” 

Nota.- Para descargarlo en PDF  pulsar aquí.
 
 

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