Peregrinación a TIERRA SANTA del 17 al 25 de Septiembre de 2017

Rememora los momentos de eternidad vividos con la familia parroquial en nuestra peregrinación a Tierra Santa. Disfruta y comparte este documento gráfico de la peregrinación de nuestra vida.

Han sido muchos los momentos vividos y muy difíciles de olvidar, hemos celebrado la Eucaristía en el mismo sitio donde Jesús se encarnó en el seno de María, y donde nació. Hemos renovado las promesas del matrimonio en donde Jesús hizo su primer milagro, en las Bodas de Caná de Galilea. Hemos escuchado las bienaventuranzas en el mismo lugar que Cristo las proclamaba, hemos renovado las promesas del bautismo en el mismo río Jordán. Hemos navegado en el mismo lago donde Él anduvo por las aguas, donde dio de comer con 2 panes y 5 peces a más de cinco mil discípulos suyos, y allí donde confirmó en el primado a San Pedro después de resucitar. Hemos visitado la casa de San Pedro y la Sinagoga de Cafarnaúm, hemos podido celebrar la Navidad en el monte de los pastores recibieron como primicia la Buena Nueva del nacimiento del Salvador, y cantado el “Gloria in excelsis Deo”. Hemos subido al monte Carmelo y al monte Tabor, a Jericó, al desierto de Judea, las Cuevas de Qumrán, el Mar Muerto …

Hemos celebrado, especialmente, el Jueves Santo en el Cenáculo, y caminado y orado con Cristo en el monte de los Olivos. Le hemos acompañado en su camino, el que Jesús recorrió cargado con la Cruz en su Vía Crucis, rezado en la cárcel terrible donde estuvo Cristo enterrado aquella noche terrible de pasión, mientras, en la superficie, su discípulo más amado le negaba tres veces.

Para culminar nuestra peregrinación hemos podido llegar al Gólgota, orar, tocar y besar el sitio donde nuestro Señor fue levantado en alto, clavado en una Cruz, y nos dio la prueba máxima de su amor a los hombres muriendo por nuestros pecados.

“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” anunció Jesús a los Judíos. A unos pocos metros había un sepulcro nuevo escavado en la piedra y allí enterraron a Jesús. Todos nosotros pudimos entrar salvando dificultades, vimos y tocamos la losa desgastada, de rodillas ante el sepulcro oramos y vivimos la alegría de la resurrección en el mismo lugar que María Magdalena encontró la piedra quitada y que San Pedro y San Juan comprobaron que el sepulcro estaba vacío.

 

Muchas gracias a la Parroquia de San Bartolomé y porque realmente ha sido el viaje de nuestra vida.

Reportaje Gráfico

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