Compartir el pan con el hambriento es una obligación humanitaria. Cualquier persona tiene que hacerlo, por justicia. ¿Por qué, entonces, es también una obra de misericordia?

Porque es evidente que la justicia no basta… ¡Cuánta hambre en el mundo! Si no se hace con misericordia y por misericordia, como lo hace Cristo con nosotros y por nosotros, nunca desaparecerá el hambre. Él lo hace de manera perfecta “mi Carne es verdadera comida” (Jn 6, 55).

Hasta que no seamos capaces de darnos uno por el otro siempre habrá hambrientos.

 

«Hijos de Dios y hermanos en Cristo con todas sus consecuencias»

 

Dios es el Hogar infinito, la Familia Eterna, y a todos nos creó para sentarnos a su mesa, dándonos a comer y a beber del manjar suculento de su misma divinidad. (14-12-76)

¿Cómo puedo llamarme cristiano, si no vivo a Cristo en la grandeza perfecta de su dimensión, irradiando el mensaje de su vida, siendo todo para todos y estando dispuesto, por amor al Padre y a los hombres, hasta a dar la vida por ellos, haciendo lo que Cristo hizo? (14-12-76)

El Verbo Encarnado se hizo uno de nosotros para hacernos uno con Él y levantarnos hasta su pecho, donde viviremos como hermanos en la abundancia dichosísima de la Casa del Padre. (14-12-76)

La Iglesia, que es el Hogar de la gran familia de los hijos de Dios aquí en la tierra, ha de llevarnos a beber de la divinidad, haciéndonos vivir como hermanos, en una repartición justa de todos los bienes, para volar sin trabas al encuentro gozoso de la Familia Divina. (14-12-76)

En la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, hechos uno con Él, y por Él entre nosotros, somos hijos de un mismo Padre. Por lo tanto, así como los bienes espirituales de la Casa del Padre son para todos los hijos, también es deseo en voluntad de Dios que los bienes de la tierra, salidos de sus manos, sean repartidos del modo perfecto que Él deseó. (14-12-76)

Para llamar Padre a Dios, en el impulso, la paz y el gozo del Espíritu Santo, hay que sentirse hermano de todos los hombres, ya que el Creador repletó la tierra abundantísimamente, con bienes salidos de sus manos, para una repartición perfecta entre todos sus hijos. (14-12-76)

¿Cómo podrá llamarse verdadero hijo de Dios, el que se despreocupa del problema espiritual y material de sus hermanos…? Éste desconoce el corazón del Padre, que quiere hacer felices a los hombres con la posesión perfecta de todos sus bienes. (14-12-76)

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Miembro de la Iglesia, vive a Cristo, llama Padre a Dios, amorosamente, en el Espíritu Santo, abraza en tu alma a todos los hombres, y entonces gozarás saboreablemente la paz que el mundo no puede dar. (14-12-76)

Si Cristo, por amor al Padre y a sus hermanos, nació en un pesebre y murió en una cruz, haciéndose todo para todos, ¿puedo yo decir que amo a Dios y a mis hermanos, cuando vivo sólo para mí, sin preocuparme de las necesidades de los demás y, tal vez usurpando, reteniendo, o no repartiendo bien las riquezas que Dios puso en la creación, con ternura y cariño de Padre, para todos y cada uno de sus hijos? (14-12-76)

¿Cómo podrán aquellos que se saben hijos de un mismo Padre, arrebatar desordenadamente a sus hermanos lo que, para el bien común, tan abundantemente Dios puso en la creación? (14-12-76)

¿Puede llamarse y sentirse hijo de Dios el que no se siente hermano de los demás, al no obrar en consecuencia de la fe que profesa? (14-12-76)

No puede un cristiano vivir una fe llena de esperanza e impregnada de caridad que le hace mirar hacia arriba suspirando por la vida futura, y olvidar que, mientras camine a través del destierro, tiene que cumplir el deber sagrado, impuesto por el mismo Dios, con relación a los demás, de procurar la verdadera justicia, amor y paz. (14-12-76)

El cristiano que refleja a Cristo en su vida, procura vivir en sociedad, haciendo suyos los problemas de los demás y, según sus propias posibilidades y vocación, solucionarlos. (14-12-76)

Si, por amor a Dios y a su gloria, trabajas en procurar una sociedad más justa y equitativa, Él te iluminará, poniendo, como sello en tu corazón, el amor y la paz. (14-12-76)

El cristiano que camina hacia la Casa del Padre, buscando la felicidad del cielo, mientras marche por el destierro, ha de cumplir el precepto del Señor de explotar y dominar la tierra, haciendo cuanto esté de su parte para conseguir un mundo más justo. (14-12-76)

 

 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

 

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