Antes incluso de las cinco y media de la tarde del viernes 1 de abril había varios grupos de personas esperando en la calle Mayor de San Juan de Aznalfarache. Acudían a una cita que ya se ha hecho tradición en el Seminario Menor de Sevilla, desde su apertura en el año 2011: La Jornada de Puertas Abiertas. Un día en el que los miembros de esta familia que vive a los pies del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús muestran cómo es su casa, cómo es su vida, cómo les une esa vocación a la que han sido llamados.

IMG_0100Los más tempraneros fueron los llegados en autobús desde pueblos alejados en la geografía sevillana, como Osuna, El Saucejo o Lora del Río. Antonio, un joven ursaonense, se sentía feliz por haber podido acudir a la que fue su casa durante algunos años: “Sin duda una tarde distinta e inolvidable, donde personalmente me ha dado mucha alegría volver a ver a mucha gente conocida y querida que formaron parte de mi vida”.

Los ocho seminaristas menores organizaron rutas por el Seminario. Comenzaron por la capilla, el corazón de la casa, donde cada día se inicia y se termina el día. Allí se repartieron papeles con el nombre de un seminarista, para que quien se lo llevara se comprometiera a rezar por él, y otros en blanco para dejar intenciones de oración. La visita continuó por las zonas comunes (sala, biblioteca, comedor y cocina) para subir después a las habitaciones. Cada seminarista enseñóla suya -para ese día se habían esmerado en el orden y la limpieza-. Rosario, una señora de la parroquia Claret, destacó que todo estaba “muy nuevo y muy bien cuidado; es un edificio muy bonito y muy luminoso, no me lo esperaba así”.

Participaron numerosos grupos de parroquias y colegios: Mairena del Alcor y Mairena del Aljarafe, La Puebla de Cazalla, Burguillos, Brenes, San Juan de Aznalfarache, Peñaflor, Alcalá de Guadaira, Dos Hermanas, Sevilla… A los pies del Monumento tuvo lugar la merienda y el taller de niños. “Estuvo todo estupendo, nos acogieron muy bien y es un sitio muy bonito, y la merienda, genial. Fue una buena idea lo de ir”, expresaron los jóvenes de la parroquia de Nuestra Señora del Mar, en lo Bermejales.IMG_0159

A partir de las siete de la tarde comenzó un festival animado por el coro de jóvenes de Claret. Habían preparado un repertorio con el que pretendían transmitir la alegría de la vocación, que fue testimoniada por Luis María, seminarista de segundo curso del Mayor que se formó durante tres años en el Menor, y por Cristian, seminarista de 3º de la ESO. Para él, la Jornada de Puertas Abiertas “siempre ha sido una experiencia para recordar el resto del año con una fuerza espiritual inmensa”. Su abuela Lucía lo estaba acompañando; ella también se alegra de asistir también año tras año: “Para mí ha sido una experiencia muy bonita, y creo que es muy buena para jóvenes que se puedan estar planteando la posible entrada en el Seminario”.

A las ocho de la tarde llegó el segundo plato fuerte, la vigilia de oración, en la que participó el cantautor cordobés Jesús Cabello (era su tercera Jornada de Puertas Abiertas). La vigilia estuvo presidida por Antero Pascual, rector del Seminario de Sevilla, que destacó el ambiente familiar de la tarde, en el que se veía “el entusiasmo de los padres que acogen la llamada de sus hijos y de la gente que acompaña las vocaciones de los muchachos, las parroquias, los colegios…”. Esto se demostró con el testimonio de Juan Jesús, seminarista de 2º de la ESO, y de Paqui, su madre, naturales de El Saucejo, que estuvieron arropados por un importante grupo de su comunidad, con su párroco Bernabé al frente. Madre e hijo hablaron de la alegría de seguir la llamada del Señor, que también se vive en la familia. También relató la historia de su vocación Antonio, el mayor de los menores, de 2º de Bachillerato, uno de los veteranos en la casa. El hecho de contar su testimonio, afirmó, le ha servido para “reafirmar la misión a la que el Señor lo está llamando”.

IMG_0201El colofón de la Jornada llegó con unos minutos de adoración al Santísimo. El silencio, entre decenas de luces de velas, se hizo presente en la plaza del Monumento. Ángel, seminarista de 3º de la ESO, lo vivió muy de cerca: “Fue un momento de intensa oración, lo mejor de la tarde”. Después de la bendición, todos los seminaristas cantaron, junto a Jesús Cabello, el tradicional “Cuánto vale la vida”, que se ha convertido en el himno del Seminario Menor. Radiante de alegría se vio a Javier Nadal, vicerrector, para quien los verdaderos artífices de la Jornada fueron los seminaristas: “Es una gozada verlos disfrutar de lo que preparan con tanto cariño y dedicación, y ver la satisfacción que supone hacer feliz a la gente con una tarde que muchos no olvidarán. Esta Jornada de nuevo es otra ‘palmadita de Dios’ en su caminar vocacional”.

La jornada concluyó con una cena compartida en el patio del Seminario. A pesar de que el frío se hizo presente, se palpaba la alegría: en los seminaristas y en sus formadores, en las familias, en las parroquias y en los compañeros de colegio. La alegría de la vocación concentrada en una tarde de Puertas Abiertas. En palabras de Manuel Jiménez, director espiritual del Seminario Menor, “no sólo se abrieron las puertas de una casa, sino las puertas de unos corazones felices por ser llamados por el Señor”.

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