Orden indica un cuerpo eclesial, del que se entra a formar parte mediante una especial consagración (Ordenación), que, por un don singular del Espíritu Santo, permite ejercer una potestad sagrada al servicio del Pueblo de Dios en nombre y con la autoridad de Cristo.

El sacramento del Orden se compone de tres grados, que son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

La Ordenación Sacerdotal en la Palabra de Dios:

«Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía”».

Lucas 22, 19

La Ordenación Sacerdotal en el Magisterio de la Iglesia:

«Mediante el sacramento del orden, por institución divina, algunos de entre los fieles quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble, y así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo Cabeza las funciones de enseñar, santificar y regir».

Código de Derecho Canónico, c. 1008

 

«La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama “sacerdocio común de los fieles”. A partir de este sacerdocio y al servicio del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en la representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad».

Catecismo de la Iglesia Católica, 1591

La Ordenación Sacerdotal en los escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:

«Yo tengo fe… Y porque ésta es para mí más cierta que lo que me puedan decir los sentidos y más clara que el resplandor del sol del mediodía, creo en el Sacramento de la imposición de las manos del Obispo con todos los poderes que el sacerdote del Nuevo Testamento, por ella, de Cristo recibe.
Por lo que veo en él al ungido de Dios que, por medio de los Sacramentos, es capaz, por su palabra sacerdotal, en y por el ejercicio de su sacerdocio, participando de la plenitud del Sacerdocio de Cristo, por el derramamiento sobre él de esta misma plenitud, de hacer lo que sólo el mismo Cristo puede hacer y realizar por su potestad divina como Unigénito de Dios, hecho Hombre por la unión hipostática de su naturaleza divina y su naturaleza humana.
Y al depositar Jesús en manos de sus Apóstoles los Sacramentos, llenándolos de todos los dones, frutos y carismas del Espíritu Santo para la expansión de la Iglesia y santificación de las almas; enviándoles a predicar: “id a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura; el que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, se condenará”, “como el Padre me ha enviado, así también os envío Yo”; les dio sus mismos poderes».

Yo tengo fe, Opúsculo nº 17,pp. 39-40
Colección: “Luz en la noche – El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”

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